Soy contador y voy a decir algo incómodo para mi profesión: la mayoría de los dueños de pymes que conozco tienen los impuestos al día y no saben si su empresa gana plata.
No es culpa de nadie en particular. En Argentina el contador vive corriendo detrás de vencimientos, regímenes y cambios de normativa. El dueño vive apagando incendios. Y en el medio queda una pregunta que nadie responde: ¿cuánto deja de verdad cada producto, cada cliente, cada peso que entra?
Una empresa puede vender más todos los meses y estar cada vez más ahogada. Pasa cuando:
Es un patrón que se repite: cuando se ordena de dónde sale y a dónde va cada peso, muchas veces el dueño descubre que no necesitaba vender más, sino dejar de financiar, sin saberlo, a sus peores clientes.
El balance anual es una foto de algo que ya pasó. Sirve para cumplir, para el banco, para ARCA. No sirve para decidir el martes si conviene aceptar ese pedido grande con 90 días de plazo.
Para decidir hacen falta otras cosas, y ninguna es complicada:
Que el contador deje de ser solo el que liquida y pase a ser el que se sienta con el dueño a mirar números para decidir. Y que el dueño deje de pedirle al contador “que pague lo menos posible” y empiece a pedirle “que me diga dónde estoy perdiendo plata”.
No todos los estudios contables pueden o quieren hacer eso, y está bien. Pero si tu única conversación con tu contador es sobre vencimientos, hay una parte de tu empresa que nadie está mirando.
La pregunta para el debate: ¿quién debería responder si una pyme gana plata, el contador, el dueño o nadie hasta que es tarde?